LA VIDA SIGUE, ¿IGUAL?
"CARIÑO ME VOY A LA CAMA"
Curioseando por ahí me he encontrado con esta "historia" que me ha hecho pensar en lo lejos que nos encontramos de una supuesta normalidad en lo que es la gestión de lo que se llama vida familiar. Seguramente está algo exagerada la anécdota pero ...
(No olvidéis vuestros comentarios, ... ¡Y aún estoy esperando buenas combinaciones en el post anterior!)
Mariví y Fernando llevaban diez minutos en el sofá viendo la tele. Mariví dijo, levantándose: "estoy cansada, es tarde y me voy a la cama".
Fue a la cocina a preparar los bocadillos de las niñas para el cole. Puso en remojo las alubias y sacó el pescado del congelador para la cena del día siguiente, controló si quedaban bastantes cereales, llenó el azucarero, puso las cucharas y las tazas del desayuno en la mesa y dejó preparada la cafetera. Colocó la pastilla en el lavavajillas y seleccionó el programa corto. Metió la ropa sucia en la lavadora, la ropa húmeda en la secadora y la programó para las cinco, “así antes de irme a trabajar la recojo”. Planchó una camisa y cosió un botón, guardó los juguetes de la más pequeña y le preparó la ropa para la guardería. Regó las plantas, que con el calor de estos días se quedan muy mustias, ató la bolsa de basura, “mira a ver si la bajas, que ayer se te olvidó”, y tendió una toalla. Bostezó, se desperezó y se fue hacia el dormitorio.
Se paró un momento para escribir una nota a la profesora, contó el dinero para la excursión de la mayor y cogió un libro que estaba debajo de una silla. Escribió una nota para el carnicero. Fernando le recriminó: "pero... ¿no te ibas a la cama?". "Estoy en ello", suspiró ella. “Por cierto, que te ha llamado antes mi madre, cuando estabas con los deberes, sobre todo no te olvides de llamarla”, añadió él.
Puso un poco de agua para el canario, cerró la puerta con llave y apagó la luz de la entrada. Echó una ojeada a las peques, les apagó las luces, recogió una camiseta, llevó los calcetines a la cesta de ropa y habló con la mayor, que estaba todavía haciendo los deberes. Por fin en su habitación conectó el despertador, preparó la ropa para el día siguiente, ordenó mínimamente el zapatero y puso a cargar el teléfono. Añadió tres cosas a las seis de la lista de las cosas urgentes. Por fin pudo tener cinco minutos para ella, limpiarse la cara con las toallitas desmaquillantes, ponerse crema anti-arrugas, contorno de ojos y lavarse los dientes. Cinco minutos, ¡por fin!
En ese momento, Fernando apagó la televisión y proclamó: “estaban echando en el telediario las medidas del Gobierno para conciliar la vida laboral y familiar, están genial, ¿las has visto?”, y sin esperar contestación a la proclama anterior, anunció “cariño, me voy a la cama”, y se fue sin más pensamientos.


AngelaCano dijo
No me parece que esté tan exagerada, en mi familia se vive una rutina similar, pero incluso se nota la diferencia entre mi hermano y yo, yo siempre dejo todo preparado la noche anterior (ropa, cosas de la escuela, despertador, etc.) en cambio el lo prepara todo por la mañana cuando ya se le ha hecho tarde.
Salu2.
30 Junio 2006 | 05:14 PM