DOMINGUERO GAFADO O FORMAS DE TOMARSE LA VIDA
En la vida se encuentra uno de todo. Gente con estrella y gente estrellada. A los primeros les admiramos e incluso les envidiamos y de los segundos nos compadecemos. Claro que cada uno suele considerarse a sí mismo en uno de los dos grupos. Y en ese caso los sentimientos ya no son tan nítidos. Porque no vamos a compadecernos de nosotros mismos,... más bien nos disgustamos por ser unos perdedores y, si es al revés, ¿cómo bajarnos de la nube de autocomplacencia? El vídeo va un poco de esto.
Así que lo que podemos hacer es ver la vida al estilo de Cortazar. Como un juego. Él se plantea una división entre cronopios y famas. No equivale a la anterior, pero sí que sirve para posicionarse en la vida. Un ejemplo:
Cuando los famas salen de viaje, sus costumbres al pernoctar en una ciudad son las siguientes: Un fama va al hotel y averigua cautelosamente los precios, la calidad de las sábanas y el color de las alfombras. El segundo se traslada a la comisaría y labra un acta declarando los muebles e inmuebles de los tres, así como el inventario del contenido de sus valijas. El tercer fama va al hospital y copia las listas de los médicos de guardia y sus especialidades.
Terminadas estas diligencias, los viajeros se reúnen en la plaza mayor de la ciudad, se comunican sus observaciones, y entran en el café a beber un aperitivo. Pero antes se toman de las manos y danzan en ronda. Esta danza recibe el nombre de «Alegría de los famas».
Cuando los cronopios van de viaje, encuentran los hoteles llenos, los trenes ya se han marchado, llueve a gritos, y los taxis no quieren llevarlos o les cobran precios altísimos. Los cronopios no se desaniman porque creen firmemente que estas cosas les ocurren a todos, y a la hora de dormir se dicen unos a otros: «La hermosa ciudad, la hermosísima ciudad.» Y sueñan toda la noche que en la ciudad hay grandes fiestas y que ellos están invitados. Al otro día se levantan contentísimos, y así es como viajan los cronopios.
Las esperanzas, sedentarias, se dejan viajar por las cosas y los hombres, y son como las estatuas que hay que ir a ver porque ellas no se molestan.


angelsinalas dijo
Pienso que no hay que ver la vida como todo o nada, o blanco o negro, o con estrella o estrellada...todos los extremos no son buenos...hay tomarla como viene...siempre pensé que ante las adversidades es mejor la flexibilidad que la rigidez, pues así nunca te romperás ante una situación sino que te doblegarás ante ella y saldrás vencedor ante lo peor de todo. Es la mejor filosofía ante la vida. Adaptarse a todo lo que venga...y de la mejor manera posible.
Un abrazo, Javier.
11 Octubre 2006 | 11:25 AM