VIOLENCIA MASCULINA 25 NOVIEMBRE
Me sumo con este post a los miles de gritos que claman justicia en este tema, tan manipulado y tan poco afrontado en profundidad, de la violencia que ejercen numerosos hombres sobre las mujeres. Es como una fatalidad. Día tras día las noticias se centran en nuevos casos de violencia. Sentimientos de desesperanza vuelan día a día sobre una sociedad que por más leyes que aprueba no logra erradicar esta violencia. Y una vez más hay que volver a pensar que la EDUCACIÓN en este país no está tratada como se debería.
Desde enero, más de 50 hombres han matado o asesinado a otras tantas mujeres con las que mantenían o habían mantenido una relación. A pesar de las medidas judiciales, sanitarias y asistenciales puestas en marcha, las mujeres siguen muriendo. ¿Pueden los medios de comunicación cumplir un papel de primer orden en la resolución de este problema?
Desde hace menos de una década (1997, con el asesinato de Ana Orantes a manos de su marido, José Parejo Avivar, en la población de Cúllar-Vega, en Granada) se está visibilizando en los medios de comunicación la violencia de género. La sociedad ha dado un paso de gigante al conocerse este invisible tipo de violencia masculina. Casi una década de información sobre violencia de género nos exige una reflexión sobre su tratamiento. Cada día se nos ofrecen datos sobre el estado de la cuestión: se ofrecen datos por comunidades autónomas, por edad, procedentes de la inmigración, y se comparan con años anteriores; muchas veces para concluir que la sangría sigue a pesar de las leyes. Se piden declaraciones a quienes son responsables gubernamentales que, desde que se aprobó la ley en diciembre de 2004, han transmitido la idea de que la Ley Integral no era la panacea a corto y medio plazo para evitar que los hombres que matan, lo sigan haciendo. Las medidas de sensibilización y prevención son más importantes para evitar que los hombres asesinen, que las medidas asistenciales, policiales y judiciales que, aunque absolutamente necesarias, alivian la situación de las víctimas pero no la pueden evitar.
Además de otras actuaciones fundamentales en el campo de la educación, entre las medidas de sensibilización y prevención que contempla la Ley Integral de Violencia de Género respecto a los medios de comunicación, el artículo 14 recoge que “fomentarán la protección y salvaguarda de la igualdad entre hombre y mujer, evitando la discriminación entre ellos”. En general, las representaciones de las mujeres y los hombres desde los medios de comunicación no son equiparables, no transmiten la idea de que las mujeres son un grupo digno de respeto y consideración, tanto como son los hombres. No sólo se trata de representación del cuerpo de la mujer que sirve, básicamente, para el placer y la complacencia masculina. Se trata de la sobrerrepresentación de las mujeres como cuidadoras y servidoras, en papeles secundarios, dependientes, no pagados y desvalorizados socialmente cuyo efecto no es sólo solucionar el grave problema de atención a estos colectivos, sino fijar los modelos de feminidad que no rompan con la tradición patriarcal del mito de la servidumbre y la abnegación. Los roles que los medios todavía hoy elaboran y se fijan en el imaginario de nuestras niñas, las conducen hacia relaciones de dependencia y sumisión (más del 40 % de las chicas consideran una prueba de amor determinadas formas de maltrato de su chico).
La investigación sigue mostrando que los medios de comunicación discriminan positivamente lo masculino, al mismo tiempo que cuidan comportamientos misóginos, incluso los que son punibles: “todo parece indicar que se trata de un crimen pasional” recoge la notícia. Los asesinos no son los culpables de la violencia contra las mujeres, sino la entelequia “violencia doméstica” que desenfoca y no señala con el dedo al hombre que mata: “un nuevo caso de violencia doméstica”.
Las mujeres “mueren”, no son “asesinadas”; quien comete un delito es un delincuente, pero nunca encontraremos este vocablo en una información sobre violencia masculina. Se evita la palabra “asesino” para utilizar abundantemente “hombre”. Y en contra de la ética periodística, se identifica en muchísimas más ocasiones a la víctima que al asesino.
Al mismo tiempo, los medios mantiene intactas las formas fundamentales de discriminación negativa de las mujeres, estrechando la representación de los múltiples roles que están llevando a cabo en la sociedad. Que en los medios aparezcan más mujeres en papeles tradicionales, secundarios y desvalorizados, en la mayor parte de las ocasiones no sólo no ayuda a combatir la violencia de género sino que fomenta y fortalece determinados comportamientos masculinos basados en la ideología de la supremacía de los hombres. Ésta es la razón por la que los maltratadores y violentos se creen con derecho a ejercer la fuerza, el desprecio y el poder sobre las mujeres con las que viven.
Si a lo anterior sumamos la escasa actividad solidaria de los hombres no maltratadores y la casi nula aparición en los medios de comunicación del escaso grupo de quienes se colocan al lado de la lucha de las mujeres, el resultado es que, objetivamente, los asesinos no pueden detectar, y por lo tanto sentir, el repudio de sus iguales. Decía una mujer apuñalada por su ex marido, la directora del Institut Balear de la Dona, que él nunca la había maltratado si la hubiese considerado una igual. Si una característica común tienen los maltratadores es que no respetan lo femenino porque no consideran a las mujeres como sus iguales.
Este tipo de hombres, que conciben la virilidad como dominadora de las mujeres, sólo respetan a sus iguales (hombres). Si éstos no se involucran activamente y toman posiciones claras y continuadas que sean recogidas y destacadas en los medios de comunicación, mucho me temo que los más de 50 asesinos u homicidas que se llevan contabilizados en este 2006, se verán acompañados en su macabro comportamiento pro muchos otros antes de que finalice el año.
Fuente: El Mundo
Pilar López Díez es doctora en CC. De la Información e investigadora y formadora en Política de Violencia de género y Medios de Comunicación en el Instituto Oficial de Radio y Televisión.




Carme dijo
Este texto hace evidente el gran problema que causa la violencia doméstica o de género actualmente, aunque es evidente que no es un hecho novedoso de ahora.
La autora trata este tema empezando por el primer acto violento que consta en nuestro país, el primer acto violento que inpactó a la sociedad porque era el primero que se hizo público, ya que anteriormente se había hecho resonancia del tema mediante los medios de conunicación. A partir de aquí señala algunos datos, nombra la aparición de la Ley Integral (aprovada des de hace relativamente muy poco) y relaciona estos datos para sacar sus conclusiones. Por lo tanto, hace una crítica manifestando sus opiniones en base de toda la infornación que ha expuesto anteriormente. Así pues, usa la ironía para hacer entender y concienciar que, por ejemplo, no se culpabiliza lo suficiente a los hombres que maltratan con titulares como " todo parece indicar que se trata de un crimen pasional" o se toma ya como algo casi rutinario "un nuevo caso de violencia doméstica"; por el otro lado, también comenta lo poco adecuado que es decir que las mujeres "mueren" (simplemente) cuando en realidad han sido "asesinadas"...
Y para terminar, aunque no la nombre, parece ser que, según opina Pilar López , la sociedad tiene la mayor parte de culpa de todo este follón: empezando por la educación que reciben los niños y niñas en las escuelas, famílias, etc. y terminando por la ignorancia y la poca participación de manifestación que ofrece la gente respecto este tema, de tal forna que, provablemente, este sinvivir seguirá su curso.
Por mi parte opino que la forma en que la autora expone este tema es lo suficientemente clara para que uno no se quede indifernte. Está claro que no se trata de ningún hecho sin importancia, porque merece toda la importancia del mundo comparable con la que merecería, por ejemplo, un cambio de gobierno; y, por supuesto, tampoco se trata, para nada, de un titular de cualquier revista del corazón...es realmente algo serio.
La questión y la paradoja está entonces en cómo es posible que algo tan particular y general a la vez quede bajo la ignorancia de tanta gente que actúa sin pensar, que aprueba que todo siga su ritno, que es incapaz de manifestarse...y lo que es aún peor, aún siente miedo para denunciar que ha sido maltratada...
La verdad es que yo tambien creo que la sociedad ha abanzado respecto a este tema, es verdad que antes los malostratos se sufrían en silencio pese que ya existían...pero actualmente, aunque se denuncian y se exacutan leyes que pretenden dar na sensación de calma y serenidad no parece que se solucione...
Pienso, también que quizá el problema está más en lo poco que se habla del maltratador y lo que se llega a hablar de la víctima...quizá si se parase más atención al por qué maltrata el que maltrata ya tendríamos más puntos asegurados...quizá sería necesario ofrecer ayuda a esos hombres débiles por culpa de la sociedad que necesitan imponerse, tomarse la justícia por su mano para sentirse superiores...eso digamos que entra en su cánon y, por lástima, en el de la propia sociedad...
carme
24 Noviembre 2006 | 11:01 AM