TÚ VALES
J. Bucay es fuente permanente de historias que nos hacen reflexionar sobre nosotros mismos y sobre el valor que le damos a todo aquello que hacemos. Esta historia que comparto hoy, aparte de tener ese encanto propio de lo intemporal y de parecer que surge de las mil y una noches, nos carga las pilas para un par de semanas, por lo menos. Es una inyección de autoestima.
| “El cerebro es un músculo que se atrofia si dejamos que otras personas piensen por nosotros. Los cuentos tienen la virtud de dormir a los niños y despertar a los adultos”.
Zazen:"Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?" |
Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado -más de cien personas- y abatido por su fracaso, monto su caballo y regresó. Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro. Podría entonces habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda. Entró en la habitación. -Maestro -dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo. -Que importante lo que dijiste, joven amigo -contestó sonriente el maestro-. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él, para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuanto te da por él. Pero no importa lo que te ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo. El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo: -Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo. -¡¿58 monedas?!-exclamó el joven. -Sí -replicó el joyero- Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé... si la venta es urgente... El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido. -Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como este anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor? Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda. |


Darunia dijo
Me encantan los cuentos de Bucay. Y narrados por él, aún más.
Porque me ayudan a reflexionar, y como tú muy bien dices, en ocasiones te levantan hasta la moral.
Uno de mis preferidos es el de aquellas dos ranitas que cayeron dentro de un cuenco de leche.
Y la moraleja final, toda una lección.
Saludos.
26 Noviembre 2006 | 10:41 AM