DEMOLIENDO ESCRITORES, POR GUSTO
¿Qué traigo hoy? Una batalla campal. Una tormenta tropical. El capítulo completo de los trapicheos literarios desde los orígenes hasta nuestros días. ¿No? Lee y verás. Aquí no queda títere con cabeza. En lo que dura un slalon lector pasas de las alturas homéricas a los llanos de La Generación del 27. En un abrir y cerrar de palabras se nos va Manuel Rivas de un lado al otro. Es la historia de la literatura vista así, como de perfil, con los dientes afilados, en plan vampiro piro. Afila tu crítica y sal a matar. Seguro que también tú tienes alguna deuda pendiente con algunos de estos personajes tan retratados en los manuales. Si el Rivas ha tirado su piedra, ¿tú serás menos?
Demolition witer
Homero era un capullo. La bronca de Troya, una de las hazañas bélicas revisada por Corín Tellado. Lo del talón de Aquiles es para morirse, pero de risa. La Odisea es la historia de un gallego que alucina en un barco. Y el Shakespeare ese, ¿qué?, ¿qué me dicen? Escribió unos sketches por la cara para hacerse una casita de campo, comer queso y ponerse morado de tintorro importado. Carne de subvención. Y lo de Cervantes, bueno, eso ya es de coña. Pasó a la celebridad por la historia de un pirado de provincias que se hacía acompañar por un paleto que parecía salido de un chiste de Lepe. Además, se los ponían de todas las tallas. Los cuernos, quiero decir. Y después, ¿quién viene después? Déjame pensar. Lo tengo en la punta de la lengua. ¿Capote? ¿Bukowski? ¡Ah, no, coño! ¡Quevedo! Ése tuvo un follón de narices con otro, raro como un perro verde, el Góngora. Creo que, en el fondo, también era por lo de la Moncloa. Lo que pasa es que le salió mal y acabó en el trullo. Por ahí fuera, no veas. El Goethe, un beneficiado de cuidado. Tenía cara de :Visa oro. Y el Stendhal, mucho rollo de novela psicológica, pero después, venga, a hacerle la pelota a Napoleón. Bonaparte por aquí, Bonaparte por allá. ¡Si es que están todos pringados! Y el que no, un soplapollas. O un calamidad. El Kafka ese, todo el día con el rollo del padre. ¡Oye, todos tuvimos padre y sobrevivimos! El tío tenía también una fijación con los bichos. Se transforma en una cucaracha, o algo así repelente. El Melville se lo montó con un bicho más grande. Dicen que si simbolismo, que si Greenpeace, que si no sé qué. Un coñazo de ballena, eso es lo que era. ¿El Faulkner? Un boinas. Estilo berza leonés, pero en plan Mississippi. Se ponía ciego de whisky en el crepúsculo. Scott Fitzgerald le pegaba al gin-tonic. Un señorito. Ya puestos con los norteamericanos, debería decir algo de Jorge Luis Borges, que era un porteño acomplejado por no haber nacido en Inglaterra. Éste se creía la película, o sea, escribía, pero muy en plan ajedrez. Lo salvarán los tangos y un poema que dedicó a España. Uno que dice: «España del inútil coraje... incesante y fatal». Bueno, en fin, punto y aparte.
Pessoa, ahí al lado, una necesidad. Saudade. ¿De qué tenía saudade? ¿De España? Hombre, de España, creo que no. Pero no le vendría mal una española que le diera algo de caña, a ver si se le pasaba el desasosiego. Bien atendido estaba el Galdós, pero claro, se le ha puesto cara de billete. Como a Rosalía de Castro, la pobre. Hay otros que también tienen cara de billete pero no digo nada,porque uno es un señor. Y además, lo que hay en España es mucho cotilleo, mucho marujeo, las lenguas afiladas como navajas en la barbería de Calimala. Yo a lo mío, o sea, que el Juan Ramón Jiménez era un Rabindranath Tagore pero en burrito. Platero y tú. Je, je. Walt Disney a su lado parece Jack el Destripador. Y también está Federico, el García Lorca, que hacía coplas y tal, pero que no es para tanto. También hace coplas Marujita Díaz en el programa de Encarna y no le dedican tesis universitarias. Todo está muy exagerado. Ya me dirán el Unamuno, qué manera de complicarse la vida, y todo para escribir unos cuantos refranes. Como Ortega. Yo soy yo y mi circunstancia. ¡Toma filosofía! Eso ya lo dijo John Balan, el hombre orquesta, gran comedor de fanecas. ¿Y Azorín? Escribía frases cortitas porque cada uno escribe como es. Baroja era un bruto, un leñador ilustrado. Rubén Darío, un vendedor de bisutería. ¿Antonio Machado? Un maestro de escuela que se aburría. Tiene cara de buena persona pero una cosa es la literatura y otra Manos Unidas o Médicos sin Fronteras. Y León Felipe recitaba, más que nada. Pero es que en España levantas una piedra y te sale un tío con un atillo de poemas. Hay mucho cantamañanas. Mucho lírico. Mucho mamón. Yo es que soy prudente pero el día que me cabree voy a repartir caña a mansalva. Como me tiren de la lengua, me voy a poner hecho un obelisco. Digo, un basilisco. Voy a entrar a saco. A la yugular. Van a saber lo que vale un peine toda esa pandilla de pelotudos. Voy a ponerlos guapos.
Y todos los citados, si se dan por aludidos, empezando por el capullo de Homero, lo que tienen que hacer es defenderse y no refugiarse en el silencio de los sepulcros. Aquí los espero. Juntos, o de uno en uno.



Alberto dijo
¿Y qué me dicen del encantador Vargas Llosa que de la Fiesta del Chivo pasa al festival de los borregos que lo quieren aupar a presidente?¿Y el Pérez-Reverte?, sacando alastristes como churros, coño lo que le dió la vida de sí para ser un soldado de fortuna el jodío. Y para qué contar de Umberto Eco, tan académico él, se sacó El Nombre de la Rosa y de ahí en adelante se le fue la pinza y a ver quién lo entiende...
En fin dejo algo para el que venga...
Saludos desde Granada
Alberto
5 Marzo 2007 | 06:54 PM