UN CUENTO DE LA MANO DE BORGES
Estas son las pistas y ayudas que nos da J. L. Borges desde su experiencia:
Empieza por una suerte de revelación. Pero uso esa palabra de un modo modesto, no ambicioso. Es decir, de pronto sé que va a ocurrir algo y eso que va a ocurrir puede ser, en el caso de un cuento, el principio y el fin. En el caso de un poema, no: es una idea más general, y a veces ha sido la primera línea. Es decir, algo me es dado y luego ya intervengo yo, y quizá se echa todo a perder. En el caso de un cuento, por ejemplo, bueno, yo conozco el principio, el punto de partida, conozco el fin, conozco la meta. Pero luego tengo que descubrir, mediante mis muy limitados medios, qué sucede entre el principio y el fin. Y luego hay otros problemas a resolver; por ejemplo, si conviene que el hecho sea contado en primera persona o en tercera persona. Luego, hay que buscar la época; ahora, en cuanto a mí –eso es una solución personal mía-, creo que para mí lo más cómodo viene a ser la última década del siglo XIX. Elijo –si se trata de un cuento porteño-, lugares de las orillas, digamos, de Palermo, digamos de Barracas, de Turdera. Y la fecha, digamos 1899, el año de mi nacimiento, por ejemplo. ¿Porque quién puede saber, exactamente cómo hablaban aquellos orilleros muertos? Nadie. Es necesario que el escritor que escribe una fábula –por fantástica que sea- crea, por el momento, en la realidad de la fábula.
Toda una lección. Nos hace un repaso de todo. Fíjate: inspiración, partes, punto de vista, espacio, tiempo, estilo directo o indirecto, ... trama o interrelaciones de personajes, ficción, ...
¿Qué nos aporta Borges con este texto? Yo creo que tranquilidad. No es necesario angustiarse. Te predispones a escribir y aprovechas aquella línea delgada que aparece ante ti. La sigues y llegas a tu destino.
Hacemos una prueba. Escogemos el año 1999. ¿Qué hace Ramón (o Vanessa) ese año 1999? ¿Qué preocupaciones se desatan a su alrededor? ¿Qué le preocupa a él? ¿Qué decide hacer para solucionar sus problemas?...
Ya tienes la historia.
Era el año 1999. Vanessa tenía veintitres. Había estudiado periodismo pero apenas conseguía que le aceptasen algún artículo de vez en cuando. El país estaba inmerso en continuas luchas de unos partidos y otros, por el poder. Comenzaban a destaparse algunos casos de corrupción inmobiliaria y los pisos estaban alcanzando unos precios impagables. Demasiados problemas para Vanessa. Un día tomo una decisión. Sacó un billete de ida para Brasil. En su imaginación Brasil sonaba a todo lo que aquí no tenía, un país lleno de oportunidades.
Y ahora la tuya.



Rosana dijo
me gusta lo que has propuesto, intetaré hacerlo
siempre aportando cosas para hacer trabajar nuestras neuronas .... gracias
un saludo
28 Marzo 2007 | 06:00 PM