LEO TRES SOMBREROS DE COPA, 5
Volvemos a la situación del teléfono. Ahora será toda una intensa y profunda conversación telefónica entre los novios. Compruébalo. No te rías si no quieres. Pero expresa tus "impresiones":
¿El teléfono funciona? Voy a ver si se le ha pasado el enfado... Se llevará una alegría...
(El último sombrero de copa se lo ha dejado puesto en la cabeza y, con él, seguirá hablando hasta que se indique.)
don rosario. Llame usted abajo y el ordenanza le pondrá en comunicación con la calle.
dionisio. Sí, señor. (Al aparato.) Sí. ¿Me hace usted el favor, con la calle? Sí, gracias.
don rosario. A lo mejor ya se han acostado. Ya es tarde.
dionisio. No creo. Aún no son las once. Ella duerme junto a la habitación donde está el teléfono... Ya está. (Marca.) Uno-nueve-cero. Eso es. ¡Hola! Soy yo. El señorito Dionisio. Que se ponga al aparato la señorita Margarita. (A don rosario.) Es la criada... Ya viene ella... (Al aparato.) ¡Bichito mío! Soy yo. Sí. Te llamo desde el hotel... Tengo teléfono en mi mismo cuarto... Sí. Caperucita Encarnada... No... Nada... Para que veas que me acuerdo de ti... Oye, no voy a llevar el sombrero que me hace cara de chubeski... Fue una broma... Yo no hago más que lo que tú me mandes... Sí, amor mío... (Pausa.) Sí, amor mío... (De repente, encoge una pierna, tapa con la mano el micrófono y da un pequeño grito.) Don Rosario... ¿En esta habitación hay pulgas?
don rosario. No sé, hijo mío...
dionisio. (Al aparato.) Sí, amor mío. (Vuelve a tapar el micrófono.) ¿Su papá, cuando murió, no le dejó dicho nada de que en esta habitación hubiese pulgas? (Al aparato.) Sí, amor mío...
don rosario. Realmente, creo que me dejó dicho que había una...
dionisio. (Que sigue rascándose una pantorrilla contra otra, desesperado.) Pues me está devorando una pantorrilla... Haga el favor, don Rosario, rásqueme usted... (don rosario le rasca.) No; más abajo. (Al aparato.) Sí, amor mío... (Tapa.) ¡Más arriba! Espere..: Tenga esto.
(Le da el auricular a don rosario, que se lo pone al oído, mientras dionisio se busca la pulga, muy nervioso.)
don rosario. (Escucha por el aparato, en donde se supone que la novia sigue hablando, y toma una expresión dulcísima.) Sí, amor mío... (Muy tierno.) Sí, amor mío...
dionisio. (Que, por fin, mató la pulga.) Ya está. Déme... (don rosario le da el auricular.) Sí... Yo también dormiré con tu retrato debajo de la almohada... Si te desvelas, llámame tú después. (Rascándose otra vez.) Adiós, bichito mío. (Cuelga.) ¡Es un ángel!...
don rosario. Si quiere usted diré abajo que le dejen en comunicación con la calle, y así hablan ustedes cuanto quieran...
dionisio. Sí, don Rosario. Muchas gracias. Quizá hablemos más...
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Xavi Mata dijo
son muy tontos, que divertido.
se acaban de conocer con el tipo del hotel ?¿?¿
Por que joder, tiene tela ese tipo.
el teléfono debe ser de esos viejos que el hablador está en el aparato y el auricular esta
junto con un hilo y funcionan con manibela.
23 Septiembre 2007 | 07:23 PM