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La Coctelera

ENTRE LILAS Y AMAPOLAS OLVIDADO

BLOG DE ENCUENTRO E INTERCAMBIO DE OPINIONES, SENTIMIENTOS, ILUSIONES, PROPUESTAS, CREACIONES, ...

3 Noviembre 2007

LEO TRES SOMBREROS DE COPA, 24

La acción teatral había llegado a su momento más intenso justo en el final del acto anterior. Este tercer y último acto mantienen, en su comienzo, esa misma intensidad; pero ahora, el diálogo es con Don Sacramento (ya el nombre parece significar algo) padre de Margarita (¿la princesa triste de Rubén Darío?). Asoman de nuevo, todos los rasgos de ese mundo burgués al que Dionisio se siente abocado.

ACTO TERCERO

La misma decoración. Continúa la acción del segundo acto, un minuto después en que éste quedó interrumpido.

(dionisio acaba de ocultar el cuerpo de paula tras de la cama y el biombo, mientras sigue llamando don sacramento. dionisio, una vez asegurado que paula está bien oculta, va a abrir.)

don sacramento. (Dentro.) ¡Dionisio! ¡Dionisio! ¡Abra! ¡Soy yo! ¡Soy don Sacramento! ¡Soy don Sacramento! ¡Soy don Sacramento!...

dionisio. Sí... Ya voy... (Abre. Entra don sacramento, con levita, sombrero de copa y un paraguas.) ¡Don Sacramento!

don sacramento. ¡Caballero! ¡Mi niña está triste! Mi niña, cien veces llamó por teléfono, sin que usted contestase a sus llamadas. La niña está triste y la niña llora. La niña pensó que usted se había muerto. La niña está pálida... ¿Por qué martiriza usted a mi pobre niña?...

dionisio. Yo salí a la calle, don Sacramento... Me dolía la cabeza... No podía dormir... Salí a pasear bajo la lluvia. Y en la misma calle, di dos o tres vueltas... Por eso yo no oí que ella me llamaba... ¡Pobre Margarita!... ¡Cómo habrá sufrido!

don sacramento. La niña está triste. La niña está triste y la niña llora. La niña está pálida. ¿Por qué martiriza usted a mi pobre niña?...

dionisio. Don Sacramento... Ya se lo he dicho... Yo salí a la calle... No podía dormir.

don sacramento. La niña se desmayó en el sofá malva de la sala rosa... ¡Ella creyó que usted se había muerto! ¿Por qué salió usted a la calle a pasear bajo la lluvia?...

dionisio. Me dolía la cabeza, don Sacramento...

don sacramento. ¡Las personas decentes no salen por la noche a pasear bajo la lluvia...! ¡Usted es un bohemio, caballero!

dionisio. No, señor.

don sacramento. ¡Sí! ¡Usted es un bohemio, caballero! ¡Sólo los bohemios salen a pasear de noche por las calles!

dionisio. ¡Pero es que me dolía mucho la cabeza!

don sacramento. Usted debió ponerse dos ruedas de patata en las sienes...

dionisio. Yo no tenía patatas...

don sacramento. Las personas decentes deben llevar siempre patatas en los bolsillos, caballero... Y también deben llevar tafetán para las heridas... Juraría que usted no lleva tafetán...

dionisio. No, señor.

don sacramento. ¿Lo está usted viendo? ¡Usted es un bohemio, caballero!... Cuando usted se case con la niña, usted no podrá ser tan desordenado en el vivir. ¿Por qué está así este cuarto? ¿Por qué hay lana de colchón en el suelo? ¿Por qué hay papeles? ¿Por qué hay latas de sardinas vacías? (Cogiendo la carraca que estaba en el sofá.) ¿Qué hace aquí esta carraca?

(Y se queda con ella, distraído, en la mano. Y, de cuando en cuando, la hará sonar mientras habla.)

dionisio. Los cuartos de los hoteles modestos son así... Y éste es un hotel modesto... ¡Usted lo comprenderá, don Sacramento!...

don sacramento. Yo no comprendo nada. Yo no he estado nunca en ningún hotel. En los hoteles sólo están los grandes estafadores europeos y las vampiresas internacionales. Las personas decentes están en sus casas y reciben a sus visitas en el gabinete azul, en donde hay muebles dorados y antiguos retratos de familia... ¿Por qué no ha puesto usted en este cuarto los retratos de su familia, caballero?

dionisio. Yo sólo pienso estar aquí esta noche...

don sacramento. ¡No importa, caballero! Usted debió poner cuadros en las paredes. Sólo los asesinos o los monederos falsos son los que no tienen cuadros en las paredes... Usted debió poner el retrato de su abuelo con el uniforme de maestrante...

dionisio. Él no era maestrante... El era tenedor de libros...

don sacramento. ¡Pues con el uniforme de tenedor de libros! ¡Las personas honradas se tienen que retratar de uniforme, sean tenedores de libros o sean lo que sean! ¡Usted debió poner también el retrato de un niño en traje de primera comunión!

dionisio. Pero ¿qué niño iba a poner?

don sacramento. ¡Eso no importa! ¡Da lo mismo! Un niño. ¡Un niño cualquiera! ¡Hay muchos niños! ¡El mundo está lleno de niños de primera comunión!... Y también debió usted poner cromos... ¿Por qué no ha puesto usted cromos? ¡Los cromos son preciosos! ¡En todas las casas hay cromos! «Romeo y Julieta hablando por el balcón de su jardín», «Jesús orando en el Huerto de los Olivos», «Napoleón Bonaparte, en su destierro de la isla de Santa Elena»... (En otro tono, con admiración.) Qué gran hombre Napoleón, ¿verdad?

dionisio. Sí. Era muy belicoso... ¿Era ese que llevaba siempre así la mano?

(Se mete la mano en el pecho.)

don sacramento. (Imitando la postura.) Efectivamente, llevaba siempre así la mano...

dionisio. Debía de ser muy difícil!, ¿verdad?

don sacramento. (Con los ojos en blanco.) ¡Sólo un hombre como él podía llevar siempre así la mano!...

dionisio. (Poniéndose la otra mano en la espalda.) Y la otra la llevaba así...

don sacramento. (Haciendo lo mismo.) Efectivamente, así la llevaba.

dionisio. ¡Qué hombre!

don sacramento. ¡Napoleón Bonaparte!... (Pausa admirativa, haciendo los dos de Napoleón. Después, don sacramento sigue hablando en el mismo tono anterior.) Usted tendrá que ser ordenado... ¡Usted vivirá en mi casa, y mi casa es una casa honrada! ¡Usted no podrá salir por las noches a pasear bajo la lluvia! Usted, además, tendrá que levantarse a las seis y cuarto para desayunar a las seis y media un huevo frito con pan...

dionisio. A mí no me gustan los huevos fritos...

don sacramento. ¡A las personas honorables les tienen que gustar los huevos fritos, señor mío! Toda mi familia ha tomado siempre huevos fritos para desayunar... Sólo los bohemios toman café con leche y pan con manteca.

dionisio. Pero es que a mí me gustan más pasados por agua... ¿No me los podían ustedes hacer a mí pasados por agua...?

don sacramento. No sé. No sé. Eso lo tendremos que consultar con mi señora. Si ella lo permite, yo no pondré inconveniente alguno. ¡Pero le advierto a usted que mi señora no tolera caprichos con la comida!...

dionisio. (Ya casi llorando.) ¡Pero yo qué le voy a hacer si me gustan más pasados por agua, hombre!

don sacramento. Nada de cines, ¿eh?... Nada de teatros. Nada de bohemia... A las siete, la cena... Y después de la cena, los jueves y los domingos, haremos una pequeña juerga. (Picaresco.) Porque también el espíritu necesita expansionarse, ¡qué diablo! (En este momento se le descompone la carraca, que estaba tocando. Y se queda muy preocupado.) ¡Se ha descompuesto!...

dionisio. (Como en el acto anterior Paula, él la coge y se la arregla.) Es así.

(Y se la vuelve a dar a don sacramento que, muy contento, la toca de cuando en cuando.)

don sacramento. La niña los domingos, tocará el piano, Dionisio... Tocará el piano, y quizá, quizá, si estamos en vena, quizá recibamos alguna visita... Personas honradas, desde luego... Por ejemplo, haré que vaya el señor Smith... Usted se hará en seguida amigo suyo y pasará charlando con él muy buenos ratos... El señor Smith es una persona muy conocida... Su retrato ha aparecido en todos los periódicos del mundo... ¡Es el centenario más famoso de la población! Acaba de cumplir ciento veinte años y aún conserva cinco dientes... ¡Usted se pasará hablando con él toda la noche!... Y también irá su señora...

dionisio. ¿Y cuántos dientes tiene su señora?

don sacramento. ¡Oh, ella no tiene ninguno! Los perdió todos cuando se cayó por aquella escalera y quedó paralítica para toda su vida, sin poderse levantar de su sillón de ruedas... ¡Usted pasará grandes ratos charlando con este matrimonio encantador!

dionisio. Pero ¿y si se me mueren cuando estoy hablando con ellos? ¿Qué hago yo, Dios mío?

don sacramento. ¡Los centenarios no se mueren nunca! ¡Entonces no tendrían ningún mérito, caballero!... (Pausa. don sacramento hace un gesto, de olfatear.) Pero... ¿a qué huele en este cuarto?... Desde que estoy aquí noto yo un olor extraño... Es un raro olor... ¡Y no es nada agradable este olor!...

dionisio. Se habrán dejado abierta la puerta de la cocina...

don sacramento. (Siempre olfateando.) No. No es eso... Es como si un cuerpo humano se estuviese descomponiendo...

dionisio. (Aterrado. Aparte.) ¡Dios mío! ¡Ella se ha muerto!...

don sacramento. ¿Qué olor es éste, caballero? ¡En este cuarto hay un cadáver! ¿Por qué tiene usted cadáveres en su cuarto? ¿Es que los bohemios tienen cadáveres en su habitación?...

dionisio. En los hoteles modestos siempre hay cadáveres...

don sacramento. (Buscando.) ¡Es por aquí! Por aquí debajo. (Levanta la colcha de la cama y descubre los conejos que tiró el cazador. Los coge.) ¡Oh, aquí está! ¡Dos conejos muertos! ¡Es esto lo que olía de este modo!... ¿Por qué tiene usted dos conejos debajo de su cama? En mi casa no podrá usted tener conejos en su habitación... Tampoco podrá usted tener gallinas... ¡Todo lo estropean!...

dionisio. Estos no son conejos. Son ratones...

don sacramento. ¿Son ratones?

dionisio. Sí, señor. Son ratones. Aquí hay muchos...

don sacramento. Yo nunca he visto unos ratones tan grandes...

dionisio. Es que como éste es un hotel pobre, los ratones son así... En los hoteles más lujosos, los ratones son mucho más pequeños... Pasa igual que con las barritas de Viena...

don sacramento. ¿Y los ha matado usted?

dionisio. Sí. Los he matado yo con una escopeta. El dueño le da a cada huésped una escopeta para que mate los ratones...

don sacramento. (Mirando una etiqueta del conejo.) Y estos números que tienen al cuello, que significan? Aquí pone 3,50...

dionisio. No es 3,50. Es 350. Como hay tantos, el dueño los tiene numerados, para organizar concursos. Y al huésped que, por ejemplo, mate el número 14, le regala un mantón de Manila o una plancha eléctrica...

don sacramento. ¡Qué lástima que no le haya a usted tocado el mantón! ¡Podríamos ir a la verbena!... ¿Y qué piensa usted hacer con estos ratones?...

dionisio. No lo he pensado todavía... Si quiere usted se los regalo...

don sacramento. ¿A usted no le hacen falta?

dionisio. No. Yo ya tengo muchos. Se los envolveré en un papel.

(Coge un papel que hay en cualquier parte y se los envuelve. Después se los da.)

don sacramento. Muchas gracias, Dionisio. Yo se los llevaré a mis sobrinitos para que jueguen... ¡Ellos recibirán una gran alegría!... Y ahora, adiós, Dionisio. Voy a consolar a la niña, que aún estará desmayada en el sofá malva de la sala rosa... (Mira el reloj.) Son las seis cuarenta y tres. Dentro de un rato, el coche vendrá a buscarle para ir a la iglesia. Esté preparado... ¡Qué emoción! ¡Dentro de unas horas usted será esposo de mi Margarita!...

Las otras escenas ya leídas

Leo tres sombreros de copa, 1
Leo tres sombreros de copa, 2
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9 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Mayra

Mayra dijo

Creo que Don Sacramento no tiene muchas ganas de que Dionisio se case con Margarita, critica lo que hace y le prohibe hacerlo a partir del casamiento. Parece que Dionisio quiere quedar bien frente a él pero no lo consigue, ya que Don Sacramento es difícil de conquistar.

4 Noviembre 2007 | 12:48 PM

Andreea

Andreea dijo

Y ahora pasamos a las reglas del matrimonio...
Al principio Don Sacramento parece no aceptar el comportamiento y las costumbres de Dionisio, pero al final vemos que empieza a negociar...,también Dionisio aprovecha de la situación, acabando a comprarlo...

7 Noviembre 2007 | 11:35 PM

fran

fran dijo

Definitivamente Dionisio está loco toda su vida es una mentira, para colmo tiene que estar aguntando al hipócrita de su futuro suegro y a Paula en el suelo.

25 Noviembre 2007 | 07:04 PM

Anna Masip

Anna Masip dijo

Ahora Don Sacramento le enseña como debe comportarse...
Dionisio cada vez vive más de las mentiras. Es otra situación absurda.

La que más pena me da es Paula...

10 Noviembre 2009 | 08:40 PM

Albert Orero

Albert Orero dijo

Don Sacramento ya empieza con las normas de su familia. A Dionisio seguramente se le han pasado aún más las ganas de casarse. Ahora tiene que solucionar el problema con Paula. Queda poco para ver el desenlace de la obra.

13 Noviembre 2009 | 04:32 PM

Júlia Alonso

Júlia Alonso dijo

A ver si con las normas ya impuestas por Don Sacramento, Don Dionisio se da cuenta de que la boda no se debe realizar. Si se casa Con Margarita, toda su vida será una mentira aburrida, nunca será feliz viviendo entre la burguesía.
¡Absurdo regalo el de Dionisio! jaja

14 Noviembre 2009 | 04:31 PM

Samuel Delgado

Samuel Delgado dijo

No creo que lo acertadon sea vivir una mentira como está haciendo Dionisio.
Don Sacramento le critica lo que hace, algo que veo normal y más aún sabiendo que se fue de fiesta y se emborrachó.
Parece que ahora está el ambiente expectante, a ver como finaliza la historia.

15 Noviembre 2009 | 05:24 PM

Vanesa Garcia

Vanesa Garcia dijo

Una escena bastante agonizante para Dionisio, ya que Don Sacramento le empieza a imponer todas las normas que se tendrán que cumplir cuando él se case con su hija Margarita.
Espero que Dionisio sea un poco listo y escoja lo que crea conveniente, creo que si se casa con Margarita tendrá una vida un tanto amargada, ya que tendrá que cumplir todas aquellas normas que el suegro le ha dicho, y si se casa vivirá siempre con mentiras, ya que no creo que Dionisio se sienta bien viviendo entre tanta burguesía.

Haber que elije Dionisio, me intriga bastante, y sigo con la intriga de saber que le habrá pasado a Paula.

15 Noviembre 2009 | 10:39 PM

Felipe Gimeno

Felipe Gimeno dijo

Dioniosio deberia dejar de las mentiras, con tanta mentira se las va a acabar creyendo el, llegara un punto en el que estara tan metido en ellas que le costara mucho salir.

17 Noviembre 2009 | 11:55 PM

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