LA MATANZA DEL CERDO QUERIDO
En la infancia los animales tienen su importancia. Parece que contamos con ellos como si fuesen un miembro más de la familia. Pero siempre llega el día en el que mueren. ¿Me cuentas la historia del animal querido que murió?
En Ezcaray los animales no formaban parte del decorado. Los animales estaban en la base de la economía de muchas familias. Determinados barrios eran especialmente ganaderos, como el de Soleta y el de San Lázaro. Abundaban en ellos las vacas y los rebaños de ovejas. En el resto del pueblo los vecinos que tenían algo de espacio, se ayudaban criando conejos, gallinas, cerdos, ... En la cuadra de mi casa, que no era demasiado grande, siempre hubo algunos conejos y un par de cerdos. Los conejos se arreglaban en casa. Un ligero despiste y recibían su colleja definitiva. El caso de los cerdos era más complicado. Había que llevarlos al matadero.
El clamor de is agudas aún retumba en mis oídos. Desde mi casa, junto al Echaurren, hasta el matadero había unos ciento cincuenta metros. Un enorme gancho sujetaba la cabeza del animal y lo iba arrastrando poco a poco. Iiiisss. Llegaba la carretera y continuaban los iiiissss. Se bajaba la cuesta, ligera y cada vez más amplia. Seguían los iiiissss. A veces, se soltaban y conseguían retroceder, de poco les servía. Más iiiisss.
El matadero era de una sola planta. Una especie de nave amplia con algunas dependencias que no sabría detallar. Ocupaba el lugar del actual edificio de la Guardia Civil. Entre la calle y el portalón de entrada había un espacio sin asfaltar de unos seis metros de ancho. Cuando llegaba el cerdo ya se le estaba esperando con todo a punto: el banco, el cubo y el cuchillo cebollero. Unos lo cogían de las patas de atrás, otros de las de delante. Los iiss se hacían más intensos y desesperados. Entre todos lo subían al banco y el carnicero, finalmente, conseguía clavar su cuchillo en la parte blanda del cuello. A borbotes, al principio, manaba la sangre, se teñía el barreño, las iiss perdían fuerza, el cerdo se iba quedando quieto.
Y tras la sangre el fuego. Una cama de helechos, en el suelo servía para poner al animal y a continuación se le arropaba con más helechos. Una vez bien cubierto, se le daba fuego. Las llamas de la purificación llegaban al cielo. Y hasta bien lejos, el olor a chamuscado, vacío el aire ya de iis y lleno del suave crepitar de las llamas. Llegaba la calma
Pronto quedaba todo listo para la segunda parte de la matanza. Las que yo recuerdo acababan en casa de mi abuela Felisa, en la plaza de la verdura. Allí llegaba en una carretilla de madera cubierto con algún paño grande de carnicería, a cuadros blancos y, rojos o azules. Pronto empezaba el descuartizamiento: Jamones, pancetas, tocino, lomos, ... El día se pasaba elaborando morcillas, chorizos, ... Con algunas partes se hacía ya la comida del día directamente y no puedo olvidar lo sabroso de los restos del chorizo, el picadillo, que al momento se freían y que estaban...
El símbolo de la fiesta era la bochincha. La inflábamos y jugando con ella olvidábamos, por fin, el eco de las iisss que tanto nos habían encogido.




Mariona Vallespí dijo
Tenía seis años, y me encantaban los animals, especialmente los perros.
Así que como un dia cualquiera, una amiga me dijo que su perra había tenido cinco cachorritos preciosos.
Así que le pregunté a mi mamá que si nos podíamos quedar con uno de ellos, y después de insistir y insistir fuimos a buscarlo.
Fue una sorpresa, había salido del colegio y me estabane sperando, cuando me lo enseñaron, perdí los nervios.
Poco a poco creció, pero un dia vi que no podía aguantarse de pie, me puse histérica, se le veía triste y me dolía muchíssimo.
Parecía que empezaba a rehacerse pero no, así que sufría mucho y lo tubieron que sacrificar.
Lloré tanto que ni yo me lo creía, como lo había querido aquél perro.
12 Diciembre 2007 | 10:24 PM