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La Coctelera

ENTRE LILAS Y AMAPOLAS OLVIDADO

BLOG DE ENCUENTRO E INTERCAMBIO DE OPINIONES, SENTIMIENTOS, ILUSIONES, PROPUESTAS, CREACIONES, ...

12 Septiembre 2009

Una anécdota personal reelaborada con toques ácidos

No he inventado yo la autoficción como género literario. Pero me sirvo de ella para expresarme con cierta modernidad (y aparentar que estoy a la última, nada de aparentar, estar a la última). El caso es que mira el otro día me inventé esta historia con un poco de aquí otro poco de allá, unos toques de humor para que pase bien, ...

A ver si me haces tú una historia con unos ingredientes semejantes: una anécdota, pequeñas alteraciones, exagerar un poco esto o aquello, humor que no falte, etc.

La profesora muerta

Una buena papeleta se nos presentó el día que Chiko Gregor vino a clase con su Colt del 42. No era un día cualquiera, era un día en el que nos íbamos de tutoría a relacionarnos con el paisaje otoñal que cada año nos ataca en el mes de octubre. Éramos tres los tutores, la profesora P, la profesora A y yo mismo. Un número más bien corto cuando se sale con más de sesenta alumnos. Pero no tenía pérdida, íbamos ahí mismo. Cuatro revueltas ascendentes en medio del bosque y un camino amplio y recto. No había coches, era el paraíso.


Pero en medio de la placidez del paseo se desata de pronto la tragedia. Que el cielo fuese azul, que apenas las nubes fuesen nada más que un ligero adorno entre los árboles no pudo evitar que en una mañana tan plácida se desatase la tragedia. La profesora A está muerta. La acaba de matar Chico Gregor de un certero disparo entre ceja y ceja. Le ha dicho, te mato, y ha disparado a bocajarro contra ella. La profesora muerta se desespera y me persigue, es necesario hacer algo de inmediato porque ella ya no puede más. Entiendo que la situación es límite porque los gritos, cómo se puede llegar a gritar cuando a uno se le escapa de repente el alma, generan un repentino silencio entre todos. Alumnos y alumnas quedan paralizados. Resuenan solo los argumentos implacables de la profesora muerta. Está de pie, frente a mí y adivino que pronto perderá el conocimiento. La otra compañera, la profesora P, que todavía está viva y no se siente en modo alguno en peligro le explica como puede que estas cosas a veces pasan. Le dice, mira, maca, hay alumnos que no se pueden controlar y que hay que aceptarlos como son, son riesgos de la profesión, quizás te lo debía de haber dicho antes pero es que pensaba que estas cosas tú ya las sabías. Ya veo que no y por eso te lo advierto. Tienes que entenderlo. Yo le digo a la Profesora P, le digo que se nos desangra, que se nos va a desmayar, pero ella entiende que todo está dentro de una lógica, es evidente, dice, la acaban de matar, no le matan a una todos los días. La profesora A expresa con mayor rotundidad si cabe su parecer, es imprescindible que se suspenda la salida. Menudo dilema, qué hacemos. Ya lo hablaremos con tranquilidad mañana si te parece. Pero ella se mantiene inflexible, es una profesora con principios, de principios, (de principios y de finales pienso yo ahora que la veo muerta ante mí toda desencajada y ya sin ningún futuro por delante)

Total que ya toda la salida se nos convirtió en un funeral. Con pasos de funeral llegamos a la ermita, era el destino. Bien mirado y con un cadáver a nuestras espaldas no era mal destino. Pero era un día cualquiera, no era domingo, y la ermita estaba cerrada. Los alumnos hicieron sus cosas en los alrededores y la profesora P y yo nos quedamos velando el cadáver de la profesora A. Era un día luminoso y espléndido. Se podía disfutar sin problemas del campo y el velatorio se nos pasó con cierta relajación. Eso sí, cada uno pensaba en sus cosas y el tema de las armas de fuego ni lo tocamos.

Cuando al día siguiente nos encontramos en el instituto, la profesora muerta, la profesora A no descansó en paz hasta que ya tuvo gestionada la cadena perpetua para Chico Gregor.

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19 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Jorge Belarmino Fernández

Jorge Belarmino Fernández dijo

Esa maestra asesinada, argumentando sin parar, es un girto de tuerca, como decimos por aquí, buenísimo, y el desparpajo del texto. ¿Los alumnos podemos calificar? 10, pues.

17 Septiembre 2009 | 07:11 AM

Júlia Alonso

Júlia Alonso dijo

Aqui os dejo mi relato:

Eran las 5 de una espléndida tarde y decenas de niños salieron corriendo, felices y contentos, de su prisión, también conocida cómo escuela.
TIN y TAN, grandes amigas, comentaban su última clase, en la que a un compañero suyo, TON, había sido el protagonista de unas estruendosas risas. Cuándo faltaban apenas 10 minutos para terminar la penúltima clase, TON se acercó tímidamente a su profesor, y con la mano tapando su boca pidió permiso para ir al lavabo, el profesor preocupado y intrigado a causa del comportamiento extraño de este, le hizo mostrar su boca. El niño obedeciendo, la mostró a toda su clase, sus dientes verdes, verdes como un campo de primavera o verdes como los mocos! Las risas de sus compañeros e incluso del profesor se apoderaron de su oído, y el niño nunca tan avergonzado, huyó. En la mesa de Ton encontraron un boli BIC cristal verde mordido y roto. Sin tinta.

Volvemos a la historia de TIN y TAN… entre risa y risa iban comiendo unas galletas , que sus madres muy cariñosamente les habían guardado en la mochila, estaban contentas, pero un poco aburridas, tenían ganas de hacer algo nuevo, distinto.

Después de unas cuantas vueltas, ideas y disparates, lo único que se les ocurrió para divertirse fue ir a la tienda de animales del pueblo.
Al entrar un caballeroso loro les deseo un buen día, un hámster les mostró que su vida no era tan aburrida cómo la suya: horas, días y más días corriendo dentro de esa rueda, intentando alcanzar el final que nunca llega, pero él lo seguiría intentando, nunca perdería la esperanza…
Tras visitar a los peces de colores, las juguetonas tortugas y el discreto camaleón, encontraron lo que andaban buscando: cacahuetes. Miles de apetecibles cacahuetes en un saco, al lado de sacos llenos de piensos de todos los colores, mijo, pipas etc.
TIN y TAN no dudaron ni un segundo, y llenaron sus bolsillos de esos deliciosos cacahuetes.
Luego con cara de ángel salieron de la tienda, sin causar ninguna sospecha, parecían niñas dulces e inocentes.

Ya dentro de escondite, la malicia se apoderó de sus cuerpos, mostrando sus cuernos y cola de demonio.
Y allí devoraron los cacahuetes robados.

Castigo, demasiados cacahuetes engullidos o simplemente que esos cacahuetes sólo sirven para alimentar loros y elefantes, TIN y TAN quedaron escarmentadas, estuvieron dos semanas tumbadas en la cama, con un dolor de barriga insoportable, vómitos y cosas no dignas de escribir…

Gracioso eeh!, el problema es que yo fui una de esas dos niñas…

18 Septiembre 2009 | 05:19 PM

Anna Masip

Anna Masip dijo

Mi relato:

Era un soleado lunes de vacaciones, yo y mi hermana salimos de paseo por la pequeña montaña cercana a nuestra casa. El día era tranquilo, no había una sola nube en el cielo.

Como solíamos hacer, a media mañana, almorzamos en el pequeño valle. Todo estaba absolutamente tranquilo, los pájaros cantaban a su antojo y el agua del río circulaba en paz...

Yo estaba contemplando el paisaje, pensando en mis cosas y de repente mi hermana gritó: "¡Anna! ¡Mira!". Me giré a mirar que ocurría...

Era un niño pequeño, aparentemente perdido. Me pregunté en voz alta: "¿Y ahora que debemos hacer?". Mi hermana, sin pensarlo dos veces, contestó: "podríamos hacerle de madres, yo quiero un hermanito".

Al acercarme al niño él empezó a llorar, intenté tranquilizarlo y, al fin, pude preguntarle como se llamaba. Conseguí descubrir que se nombre era José y tenia tres años. Pensé que lo mejor era llevarlo a la policía y ellos se harían cargo. Cogí al pequeño José de la mano y empecé a andar, con mi hermana y él, montaña abajo.

A medio camino escuché alguien gritando: "se lo llevan, se lo llevan..." y me giré. Eran un hombre y una mujer, corrían hacia nosotros, mi hermana se escondió detrás de mí y José se me escapó corriendo hacia esas dos personas. La mujer cogió al niño. El hombre se me acercó y me dijo mirándome a los ojos: "¿Que hacías con mi hijo? ¿Donde lo llevabas?" Estuve media hora contándole que era un malentendido...

Anna

20 Septiembre 2009 | 12:17 AM

Penélope - Ana María Gómez -

Penélope - Ana María Gómez - dijo

Pensaba agregar un texto que escribí, como es largo traté de pegarlo pero no me dejó.
Bueno, en otra oportunidad tal vez.

20 Septiembre 2009 | 05:00 PM

Penélope - Ana María Gómez

Penélope - Ana María Gómez dijo

La anécdota surgió de una conversación y se convirtió en un cuento que publico en este blog
http://noesautobiografico.blogspot.com

21 Septiembre 2009 | 07:34 AM

dianukta

dianukta dijo

la salida

un dia me decidi recorrer los campos. el cielo era rojo y el calor era insoportable. aunque mis piernas estaban cansadas recorrí innumerables caminos. llegue a un pueblo, no se porque me parecia conocido y los habitantes parecian seres de arena (a veces se ven y otras se diluyen en el aire) aunque, confieso, que tenía miedo me metí en una casa desocupada. su techo estaba carcomido y permitía ver la noche. pense esta es mi mejor salida. me estiro en el tibio suelo de madera y el cansancio permite que me duerma. cuando despierto, a mi lado duerme tambien, la dueña de aquella casa y me cuenta que la casa se quedo sin habitantes por la gran sequía de los tiempos. el pueblo ya nunca fue el mismo y en ella reconoci algo familiar, quizas su sonrisa, quizas sus palabras. la mire por primera vez y vi como la tierra carcomia sus piel, como los gusanos caminaban en su cabeza y como la vida ya no existia alli.
me despierto ante tal pesadilla, el calor se habia ido, junto con la casa. busco un espejo y alli encuentro no solo a la mujer muerta, me encuentro a mi misma rodeada de la misma pudricion. ahi me pregunté: ¿seré la viva o la muerta?

24 Septiembre 2009 | 05:35 PM

Duna

Duna dijo

¡ No lo podía creer...!

Tomé una mañana cualquiera, de un mes y año indefinidos la decisión de escribir para la persona amada. Mis sentimientos, se vertian a borbotones sobre los pálidos y vírgenes folios.
Se me iba extendiendo el alma en unas cuartillas, que no cobrarían vida hasta que "él", no se hiciese cargo de ellas.
Dulcemente , como el regalo mas grande se lo comuniqué.
Preparé el acontecimiento como se prepara una gran ofrenda de amor; me entregaba yo, en cuerpo y alma, porque eso son mis letras.
Todo preparado, y favorable. Velitas, incienso, media luz....música, y claro está, mis letras...para él.
Hablando mientras compartíamos una copa de vino, le fui diciendo que tenía algo que ofrecerle. Me miró un poco extrañado , pero sin darle mucha importancia, dijo: ¿qué es eso tan importante que me quieres regalar?
Yo, con toda dulzura, y consciente de que me entregaba, le dije:
-"Amor, te entrego las letras que han brotado de mi pluma, mis sentimientos,y con ellas mi alma"
En ese momento, extendí la mano y le entregué un blog de notas.
Mis ojos se abrieron de par en par, con estupor y a la vez incredulidad.
Él, había dejado el blog en la mesa, sin siquiera abrilo y dijo...
¡¡Ahh, era eso...Muchas gracias, ya lo leeré en cuanto tenga tiempo!!
Ahí quedó mi alma, ¡encima de la mesa, con frío y aliñada de soledad.

Duna

26 Septiembre 2009 | 03:23 PM

Tito Carlos

Tito Carlos dijo

Debo tranquilizarme.
Estoy encogido bajo el lavabo, inmóvil y respirando muy suavemente, tratando de ser un cuerpo imperceptible, con la luz apagada a raíz de un ruido que proviene del salón. Como no reconozco el ruido, voy a repasar mentalmente mis movimientos durante las dos últimas horas.
Cuando entré, la casa estaba a oscuras y el cerrojo estaba echado, pues di varias vueltas a la llave para abrir la puerta, volví a echarlo al cerrar, y las ventanas estaban cerradas con la persiana bajada, como siempre. Lo que sea que esté en el salón estaba dentro de casa cuando llegué, pero lo que me aterra es que entonces estaba ya dentro cuando salí esta tarde, y lo encerré. Pero hace un rato no noté nada fuera de lo normal; recogí la prensa esparcida en el sofá tal y como la dejé y la puse en el cesto de reciclar papel. El vaso de agua lo llevé a la cocina, lo enjuagué y lo puse a escurrir; yo creo que bien colocado, no se puede haber volcado y además el ruido fue en el salón.
¡Un momento! Algo se ha arrastrado y sí, parece la cocina…
Es mejor pensar que ha habido un pequeño movimiento y algo ha caído, aunque no sonaba a golpe… bueno quizá si era algo blando y mal colocado pudiera hacer ese ruido, pero no lo reconozco. No sonaba al típico libro que cae en una librería; más bien parecía un tropiezo… ¿De quién? No debo tener miedo; seguro que es una tontería, pero me resulta difícil pensar.
He dejado preparado encima de la mesa de la cocina las cosas de mi desayuno, como todos los días, y he limpiado antes la mesa. Sobre ella no hay otra cosa, estoy seguro. Alguna vez dejo el paño de cocina sobre el respaldo de una silla. ¿Dónde lo dejé esta vez? Maldita sea, no recuerdo. Si cae del respaldo el sonido es muy tenue; puede que sea el segundo ruido que lo amplifico con este silencio y mi terror.
Ahora no oigo nada. Fue un error poner una alfombra tan grande en el salón y la de paso en el pasillo; no oiré sus movimientos cuando pase sobre ellas. Porque es alguien ¿no?
¡Otra vez! Como tres golpecitos en el suelo, al principio del pasillo…
¿Qué hay en esa zona, pequeño, que haya podido caer, rebotar, con tan tenue sonido? Sea lo que sea se está acercando y mi respiración empieza a poder delatarme. La luz de la luna entra por la ventana del cuarto de baño muy atenuada por el visillo; si no me muevo no me verá. Yo, sin embargo, veo la puerta entreabierta; ni siquiera me atreví a cerrarla. Estoy demasiado asustado.
Me he puesto el pijama y he colocado la ropa en el armario; no he dejado nada encima de la cama. Sobre la mesilla está el despertador, la lámpara y un libro. Entré en el cuarto de baño, me lavé los dientes, oriné y apagué la luz. Al llegar a la puerta de mi habitación oí el ruido, dejé la habitación a oscuras y, descalzo para no meter ruido, regresé y me escondí aquí. Me asusté demasiado, y ni siquiera me salió un grito.
¡Noto algo! ¡Se acerca! Parece que está detrás de la puerta; si nota algo va a entrar y si lo veo con esta poquita de luz que hay me voy a desmayar de miedo. Se abre…la puerta…¡Jó!... va a entrar… se me salen los ojos de las órbitas, contengo la respiración…entra… ¡Lupo! Maldito cachorro… Me olvidé de ti. ¿Cómo saliste de la caja?

26 Septiembre 2009 | 03:59 PM

xrisstinah

xrisstinah dijo

ESA MANO

Querida Marilina:

Sé que lo que te voy a pedir es difícil, pero no imposible: Te pido que me comprendas.
Ya sabes que mi vida ha sido muy dura y difícil desde que enviudé.
Eso de tener que pasar por el juzgado varias veces para demostrar que yo no maté a mi marido, con lo triste que yo estaba, me dejó drenada, agotada.
Sabes que el haberme comprado un ordenador fue para llevar bien las cuentas de la casa.
Te pido perdón por el coñazo que te di pidiéndote prestado a tu marido para que me pusiera al día. Pero es que no todo el mundo tiene un ingeniero informático por marido.
Yo no sabía lo de internet. Él fue quien me lo explicó. Pero, gracias a ese descubrimiento, mi vida no ha transcurrido por veredas de soledad insoportable.
Lo malo fue cuando me empezó a fallar, digo el ordenador, tu marido nunca falla.
Eso de que me metieran primero un virus, luego un troyano, luego otro virus y un gusano, luego una cucaracha, y después un ciempiés, me fue dejando este aparatejo algo renco, trastabillante y lerdo.
Mientras cumplía con su misión, el ordenador, que tu marido siempre cumple, no me importaba demasiado. Me fui poniendo algo irritable, eso sí, pero aún estaba tratable.
Pero cuando me dio por arañar los coches de los vecinos con las llaves, echar los restos de bocadillos mohosos en la papelera del colega de trabajo, cortarles el pelo al cero a mis dos hijos y a mi hija, y pintarle los labios de rojo al jefe mientras babeaba durmiendo su siesta medio caído en ese sillón piojoso,... supe que algo me estaba pasando.
Empecé a sospechar que estaba haciendo una regresión.
Pero claro, la culpa era del ordenador. Como no podía conectar con mis ligues cuando quería, porque no conectaba bien este bicho infecto, o se me quedaba colgado en medio de las funciones más interesantes,... no sé, tu marido me decía que eso de la ninfomanía no tenía porqué estar producido por los virus informáticos.
Como yo a él lo tengo muy en alta estima, y tengo plena confianza en sus facultades,... perdóname, Marilina, no sabía cómo decírtelo, pero se la he cortado.
Le he cortado la mano derecha a tu marido y la he instalado en el teclado de mi ordenador.
La paz, la fe y la confianza han vuelto a mi hogar.

Te quiere
Maruxiña

26 Septiembre 2009 | 04:07 PM

Starálfur

Starálfur dijo

Esto lo escribí hace varios meses sobre el robo más increíble que me han hecho.

http://eselaterrizaje.blogspot.com/2009/09/innovacion-en-el-ofici...

26 Septiembre 2009 | 05:08 PM

Vanesa Garcia

Vanesa Garcia dijo

Sonó el despertador, ya eran las 7 y media de la mañana, y Edgar se levantó para ir a un lugar el cual nos gusta a todos los adolescentes, el colegio.

Como cada mañana, Edgar nada más despertarse se fue hacia el lavabo, se miró en el espejo y pensó que no podía ir con esos pelos al colegio, por lo tanto, la solución era ducharse, el problema es que se relajo tanto en la ducha que se tuvo que vestir rápido y coger algo para ir desayunando de camino al colegio.

Él era un chico muy aplicado y siempre llegaba el primero, por eso no le extraño no encontrarse con nadie en su clase. Como solía hacer, se puso sus auriculares y dejó su mente en blanco, dejándose llevar por la música, y es que aun faltaba un cuarto de hora para que empezaran las clases y él ya estaba allí, en su sitio, como un buen chico.

El problema empezó cuando ya pasaban 10 minutos de la hora de clase y no había llegado nadie, entonces se puso a pensar si tenían alguna excursión o alguna salida, pero no, ese no era el caso, aunque él siguió sentado allí, esperando que en algún momento apareciera alguno de sus compañeros o el mismo profesor.
Edgar empezaba a mosquearse porque ya había pasaba un cuarto de hora del comienzo de las clases y allí no había aparecido nadie, ni el profesor. Entonces él se levantó de su asiento y se dirigió al despacho del director. Abrió la puerta y tampoco estaba el director, y en ese momento empezó a darle aquello mala espina, pero cuando menos se lo esperaba, apareció el conserje del colegio y Edgar le preguntó que porque no había nadie en el insituto, que llevaba media hora esperando y que ni el profesor había aparecido por el aula.
En ese instante, al conserje le entró un ataque de risa y Edgar no entendía porque le hacía tanta gracia que no hubiera nadie. Pocos minutos después, cuando el conserje ya dejó de reír, le explicó al alumno que era lógico que no hubiera nadie en el colegio, porque era sábado!

En ese momento, Edgar cogió y se dio media vuelta en dirección a la salida, más avergonzado que nunca, y es que en ese mismo instante le hubiera gustado no haber existido.
De vuelta a casa iba pensando en cómo no se había dado cuenta antes, ya que no había ni un alma por todo el colegio.
Al llegar a casa se encerró en su habitación, ya que le daba vergüenza salir, se sentía muy avergonzado de aquello aunque le intento sacar el lado positivo al asunto, era sábado!

Lo peor llego el lunes, cuando nada más entrar en el colegio era el hazme reír de todo el mundo, el conserje se lo había ido explicando a los demás alumnos y las voces se habían ido expandiendo por todo el instituto, y Edgar, desde ese momento, se hizo conocer por el chico que iba los sábados al instituto.

Parece increíble verdad? Pues esta historia le paso hace unos años a un muy buen amigo mío, y ahora, aunque ya han pasado años, sigo pensando en aquel momento, y me sigo riendo tanto como me reí aquel lunes, cuando al entrar en clase me explicaron todo lo que había sucedido aquel gracioso sábado.

27 Septiembre 2009 | 02:00 AM

Tito Carlos

Tito Carlos dijo

Duna, no sabría leer...

Vanessa, los sábados debiera haber colegio.
Una vez me pasó a mi y esa fue mi respuesta...

Dianukta, al otro lado del espejo, es lo que pasa...

27 Septiembre 2009 | 11:55 AM

Desira

Desira dijo

Aquí te dejo una pequeña historia que demuestra que no hay "problemo" que no tenga solución.
http://loinvisible.wordpress.com/borradores/mejor-no-problemo/

Saludos. Desira

28 Septiembre 2009 | 02:24 PM

nuria cristina sintes

nuria cristina sintes dijo

Mi anécdota es una que creo que es bastante común..a quien no le habrá pasado eso alguna vez? O algo parecido? No es muy especial ni distinta solo que es de esas que no se olvidan que se quedan guardadas en la memoria..que por muy ridículas o insignificantes todo el mundo que lo haya pasado recuerda una experiencia como esta:

Yo debía tener 5 años, sí esa edad en la que la gente te dice 5 años?!?! Ala! que grande! y tu afirmas con una sonrisilla de oreja a oreja..bien pues debía tener esa edad cuando una tarde de domingo a mis padres se les ocurrió salir a dar un paseo por el centro comercial ir al cine y ya de paso ir a cenar fuera.. pues bien yo era pequeña, no me podían dejar sola..i menos viendo como me entusiasmaba el plan..así que me llevaron consigo..
Primero fuimos a la heladería a tomar algo para merendar..allí me empeñé en pedir yo misma la cuenta para así parecer una chica mayor como me decían..luego fuimos al cine donde también me hacia ilusión pedir los tickets para ver la película! una vez termino la película nos dirigimos ,como mucha gente suele hacer, al servicio donde también me empeñé en entrar yo sola ya que ese día me sentía una niña mayor ya como para poder ir sola..así que convencida y con todo mi entusiasmo me fui al baño. Mientras mis padres me esperaban en la puerta, y así estuvieron hasta quince minutos más tarde, cuando mi madre ya, mas que curiosidad tenia preocupación por lo que estaría haciendo yo..así que entro en los baños y preguntó varias veces mi nombre..hasta que oyó una pequeña vocecilla avergonzada llamándola..”estoy aquí mami..,que..que la puerta..no se abre..”
Como en todos los casos mi madre me dijo que no me preocupara que enseguida me sacarían de allí i así fue antes de que viniera el guardia de seguridad un hombre pudo desatascar el cerrojo desde fuera y pude salir..

Esta historia la pase de muy pequeña así que no la recuerdo con claridad..aunque mis padres y mis hermanos a menudo me la recuerdan entre carcajadas..y aunque ahora me río con ellos me acuerdo perfectamente de lo mal que me sentí al ver que no era tan mayor como para saber que hacer en ese momento..

30 Septiembre 2009 | 05:33 PM

nuria cristina sintes

nuria cristina sintes dijo

Mi anécdota es una que creo que es bastante común..a quien no le habrá pasado eso alguna vez? O algo parecido? No es muy especial ni distinta solo que es de esas que no se olvidan que se quedan guardadas en la memoria..que por muy ridículas o insignificantes todo el mundo que lo haya pasado recuerda una experiencia como esta:

Yo debía tener 5 años, sí esa edad en la que la gente te dice 5 años?!?! Ala! que grande! y tu afirmas con una sonrisilla de oreja a oreja..bien pues debía tener esa edad cuando una tarde de domingo a mis padres se les ocurrió salir a dar un paseo por el centro comercial ir al cine y ya de paso ir a cenar fuera.. pues bien yo era pequeña, no me podían dejar sola..i menos viendo como me entusiasmaba el plan..así que me llevaron consigo..
Primero fuimos a la heladería a tomar algo para merendar..allí me empeñé en pedir yo misma la cuenta para así parecer una chica mayor como me decían..luego fuimos al cine donde también me hacia ilusión pedir los tickets para ver la película! una vez termino la película nos dirigimos ,como mucha gente suele hacer, al servicio donde también me empeñé en entrar yo sola ya que ese día me sentía una niña mayor ya como para poder ir sola..así que convencida y con todo mi entusiasmo me fui al baño. Mientras mis padres me esperaban en la puerta, y así estuvieron hasta quince minutos más tarde, cuando mi madre ya, mas que curiosidad tenia preocupación por lo que estaría haciendo yo..así que entro en los baños y preguntó varias veces mi nombre..hasta que oyó una pequeña vocecilla avergonzada llamándola..”estoy aquí mami..,que..que la puerta..no se abre..”
Como en todos los casos mi madre me dijo que no me preocupara que enseguida me sacarían de allí i así fue antes de que viniera el guardia de seguridad un hombre pudo desatascar el cerrojo desde fuera y pude salir..

Esta historia la pase de muy pequeña así que no la recuerdo con claridad..aunque mis padres y mis hermanos a menudo me la recuerdan entre carcajadas..y aunque ahora me río con ellos me acuerdo perfectamente de lo mal que me sentí al ver que no era tan mayor como creía..

30 Septiembre 2009 | 05:35 PM

Arturo Pazo Berjaga

Arturo Pazo Berjaga dijo

Respuesta Trampa

Hace algún tiempo recibí una llamada de un colega que me pidió si podría arbitrar en la calificación de una pregunta de examen. Iba dar un cero a un estudiante por su respuesta a una pregunta de física, mientras que el estudiante afirmaba que debería recibir la máxima nota y así se haría si el sistema no se hubiera organizado en contra de los estudiantes: El profesor y el estudiante acordaron acudir a un árbitro imparcial, y me eligieron a mi.

Acudí al despacho de mi colega y leí la pregunta del examen: “Demuestra como se puede determinar la altura de un edificio alto con la ayuda de un barómetro”

El estudiante había contestado: “ Lleva un barómetro a lo alto del edificio, átale una cuerda larga, haz que el barómetro baje hasta la calle. Mide la longitud de cuerda necesaria. La longitud de la cuerda es la altura del edificio”

Hice notar que el estudiante realmente tenía derecho a una buena nota ya que había contestado a la pregunta correctamente. Por otra parte, si se le asignaba una buena nota contribuiría a que recibiese una buena calificación en su curso de física. Se supone que una buena calificación certifica competencia en física, pero la respuesta dada no se correspondía con esto. Sugerí entonces que se le diera al estudiante otra oportunidad para contestar a la pregunta. No me sorprendió que mi colega estuviese de acuerdo, sin embargo si lo hizo el que el alumno también lo estuviera.

Le di al estudiante seis minutos para responder a la pregunta con la advertencia de que la respuesta debía mostrar su conocimiento de la física. Al cabo de cinco minutos, no había escrito nada. Le pregunte si se daba por vencido, pero me contesto que no. Tenía muchas respuestas al problema ; estaba buscando la mejor. Al minuto siguiente escribió corriendo su respuesta que decía lo siguiente:

“Lleva el barómetro a lo alto del edificio y asómate sobre el borde del tejado. Deja caer el barómetro, midiendo el tiempo de caída con un cronómetro. Luego usando la fórmula S=1/2 at2, calcula la altura del edificio.

En este momento le pregunte a mi colega si se daba por vencido. Estuvo de acuerdo y le dio al estudiante la máxima nota.

Al salir del despacho de mi colega recordé que el estudiante había dicho que tenía otras muchas respuestas al problema, así que le pregunte cuales eran. “Oh, si, ” dijo el estudiante. “Hay muchas maneras de determinar la altura de un edificio alto con un barómetro. Por ejemplo, coges el barómetro en un día soleado y mides la altura del barómetro, la longitud de su sombra, y la longitud de la sombra del edificio; luego usando una simple proporción, determinas la altura del edificio.”

“Excelente, “ le respondí. “¿Y las otras?”

“Si, “ dijo el estudiante. “Hay un método muy simple que le gustará. En este método se toma el barómetro y se comienza a subir las escaleras. A medida que se van subiendo las escaleras, se marca la longitud del barómetro a lo largo de la pared. Luego se cuenta el número de marcas y esto dará la altura del edificio en unidades barómetro. Un método muy directo.”

“Desde luego, si quiere un método más sofisticado, puede atar el barómetro al final de una cuerda, balancearlo como un péndulo; con él determina el valor de ‘g’ a nivel del suelo y en la parte superior del edificio. De la diferencia entre los dos valores de ‘g’ se puede calcular la altura del edificio.”

Finalmente, concluyó, “hay muchas otras formas de resolver el problema. Probablemente la mejor,” dijo, “ es llamar en la portería. Cuando abra el portero, le dices lo siguiente: “Sr. portero, aquí tengo un barómetro excelente. Se lo daré, si me dice la altura de este edificio.”

En este momento le pregunté al estudiante si conocía la respuesta convencional a la pregunta. Reconoció que si, dijo que estaba harto de que los profesores del instituto y de la facultad trataran de enseñarle como tenía que pensar, usando el “método científico,” y a explorar la lógica profunda de la materia de una manera pedante, en lugar de enseñarle la estructura de la materia.

30 Septiembre 2009 | 08:47 PM

Meritxell Guevara Morán

Meritxell Guevara Morán dijo

Oscuridad.

Voy a contar lo que me ocurrió una noche en una gran ciudad. Entré en la discoteca de moda seguida de dos amigas. A una de mis amigas le dijeron que tenía que medir como mínimo 1,65 m para poder entrar allí, ya que para que fuera el lugar de moda las chicas tenían que ser altas. Entonces decidimos irnos de allí por no dejar a nuestra compañera sola, así que paramos un taxi y fuimos a la playa.

Estuvimos varias horas allí recordando anécdotas vividas juntas y riendo sin parar, pero luego la amiga bajita se fue al hotel porque quería escribir una poesía. Cuando mi amiga alta y yo nos quedamos solas empezaron a pasar unos hombres que parecían extranjeros y que nos repetían unas palabras que no acabábamos de entender cada vez que pasaban por nuestro lado. Todos llevaban una neverita pequeña en la mano. La chica alta y yo nos tumbamos en la arena y empezamos a inventar teorías sobre lo que contenían las neveras que llevaban. La conclusión final fue que llevaban órganos humanos conservados en nitrógeno líquido porque formaban parte de la mafia y estaban traficando con ellos. Reíamos sin parar. Pero al cabo de un rato, después de más de doce horas que llevábamos de noche, estábamos tan agotadas que nos dormimos encima de la arena húmeda.

Nos despertamos y vimos que nos habían desaparecido las chaquetas, bolsos e incluso nuestros zapatos nuevos de 1000$. Miramos a nuestro alrededor y no había absolutamente nadie. No había luz detrás en la ciudad cómo habíamos visto antes, con las luces lejanas de los carteles de neón brillando con la intención de reunir un ejército de hombres bebidos que les son infieles a sus mujeres. Estábamos como en el vacío, lo único que podíamos ver era la playa con la poca luz que se colaba entre las nubes proveniente de la luna. Tampoco alcanzabamos a oír nada, no corría ni la más ligera brisa ni tampoco podíamos oír el romper de las olas. Miré el reloj y vi que solo habían pasado cinco minutos desde la última vez que lo había mirado. Empezamos a asustarnos mucho, pero como todo estaba tan oscuro pensamos que era mejor quedarnos quietas y en silencio esperando percibir algo que nos diera alguna pista de lo que había ocurrido. Al final el cansancio pudo con nosotras y volvimos a dormir. Cuando despertamos era de día y todo volvía a ser normal, la playa estaba llena de gente, había mucho ruido y estaba todo muy animado. Miramos a nuestro alrededor y comprobamos que nuestras cosas no estaban, por lo que supimos que lo que acababa de pasar no era un sueño.

Después de eso acordamos no contar esto a nadie hasta que solo quedara una de nosotras dos y ésta estuviera en su lecho de muerte, así que aquí, junto a la sábana que cubrirá mi rostro en unas pocas horas, concluyo esta misteriosa anécdota.

1 Octubre 2009 | 12:19 AM

Isabel Rodríguez

Isabel Rodríguez dijo

Aparezco hoy por este blog y espero volver.
Maravillosa la foto que nos recibe.
La historia mantuvo mi interés, pero que se cuelgue una hache de la ermita no me parece recomendable.Creo que el mantenimiento del vehículo en el que viajan nuestras ideas,en este caso el español ,también es importante.
Un saludo.

30 Diciembre 2009 | 11:58 PM

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ENTRE LILAS Y AMAPOLAS OLVIDADO

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